Lo que enseñan las tragedias

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Por: Ps. Graciela Gares*

Contenido producido en el mes de octubre del año 2022.

Parte 1:

Parte 2:

Los pueblos de Uruguay y de Chile no han querido olvidar la tragedia y milagro de los Andes. Este pasado 13 de octubre en ambos países se rememoraron los 50 años de aquella odisea mediante múltiples conferencias, notas en prensa escrita y hasta un amistoso de rugby a cargo de los protagonistas, celebrado en nuestro país con la presencia del Presidente de la República.

No obstante el tiempo transcurrido todos los sobrevivientes, sus familiares y los rescatistas chilenos tienen muy presente el desastre aéreo donde murieron 29 pasajeros del avión de la fuerza aérea uruguaya, y la hazaña que los 16 sobrevivientes protagonizaron durante 73 días en una increíble historia de supervivencia en condiciones de extrema hostilidad, en la nieve, a 3000 mts. de altura sobre el nivel del mar, sin alimentos, sometidos a temperaturas de hasta 30 grados bajo cero. 

Las ansias por volver al seno de sus familias y la fe en Dios de muchos de ellos les sostuvieron en esa peripecia que tuvo su punto culminante cuando dos de los sobrevivientes escalaron durante 10 días la cordillera andina rumbo a Chile, donde fueron vistos por un arriero de montaña quien les procuró auxilio, siendo rescatados el 20 de diciembre de 1972. Lo vivido durante aquellos dos meses y medio en la nieve hermanó a los sobrevivientes y familiares de las víctimas hasta el día de hoy.

Al cumplirse medio siglo de los hechos que asombraron al mundo, Uruguay rememoró la odisea con la presencia de los protagonistas, en tanto Chile celebró la hazaña del rescate realizado en condiciones de muy alto riesgo técnico y humano, después que 66 misiones de vuelo inmediatas al accidente no habían logrado detectar restos del avión ya que por su color blanco se mimetizaba con la nieve.

Muchos análisis se han hecho de esta peripecia humana y para muchas preguntas no ha habido respuestas:

¿Por qué un viaje de placer de compañeros de un colegio se transformó en tragedia muriendo más de la mitad de los viajeros? ¿Por qué murieron esos 29 y otros 16 sobrevivieron?

Los que ocupaban la parte trasera del avión fallecieron al desprenderse ese sector del aparato. Uno de los sobrevivientes relata que momentos antes del accidente se había cambiado de lugar, pasando a un asiento delantero y así salvó su vida. Varios de los que salieron con vida del choque del avión murieron días después en los aludes de nieve. Nadie puede explicar la “suerte” que corrió cada uno.  

¿Cómo sobrevivieron en condiciones que la ciencia médica considera fatales para la vida humana? ¿Cómo el espíritu pudo sobreponerse a los límites físicos para la existencia del ser humano? ¿Qué rol tiene la fe para enfrentar tragedias?

En este espacio les proponemos repensar esta tragedia a la luz de nuestro libro de referencia, la Biblia, acerca del cual, uno de los sobrevivientes, hoy Dr. Canessa, afirmó en reciente entrevista televisiva (17/10/22) que sigue siendo “el mejor libro de la vida”.

Nos apoyaremos en las reflexiones del libro de Eclesiastés, el cual constituye un verdadero tratado filosófico acerca de la existencia humana. Según un comentarista, Eclesiastés más que un discurso a una asamblea, parece un diálogo del autor consigo mismo, un debate interior, con reflexiones profundas sobre la vida sobre la tierra, a veces fatalista/pesimista, a veces esperanzador al observar la realidad de lo que sucede.  

“Pero al final del libro su autor declara que el fin supremo del hombre, aquello para lo cual fue creado es respetar y obedecer a Dios, el Supremo Juez que lo sabe todo.  Todo en la vida, como el gozar de los dones de Dios como el trabajo y como la propia sabiduría, sólo adquiere valor y sentido cuando se subordina a ese supremo fin.”

Muchas de las reflexiones de este libro parecen dictadas a la medida para la situación que analizamos.

Seres falibles necesitados de la guía de Dios para la vida

Previo a partir habían sido advertidos de condiciones atmosféricas desfavorables pero los jóvenes viajeros insistieron en salir y convencieron al personal de a bordo. 

Se estima que el accidente finalmente ocurrió por un error humano en la conducción del avión, quizá por exceso de confianza de los pilotos. “Un solo error causa grandes destrozos” afirma Eclesiastés 9: 16b.

Los límites del conocimiento humano

En un mundo donde la ciencia y la tecnología pretenden explicarlo todo, nos está vedado anticiparnos al futuro. “La gente nunca puede predecir cuándo vendrán tiempos difíciles”, declara Eclesiastés 9: 12. “Como los peces en la red o los pájaros en la trampa, la gente queda atrapada por tragedias repentinas”. Tal cual les ocurrió a los jóvenes de este accidente.

La soberanía de Dios

“Hicimos todo lo que pudimos. Dios hizo el resto”, afirmó uno de los sobrevivientes. “No culpen a Dios”, dijo una de las pasajeras antes de morir. “Dios me lo dio, Dios me lo quitó. Alabado sea Dios” expresó la mamá de Rafael quien falleció en el accidente, parafraseando al patriarca bíblico, Job. (Job 1: 21)  

El consejo sabio del escritor de Eclesiastés dice:

“Acepta el modo en que Dios hace las cosas, porque, ¿quién puede enderezar lo que Él torció?
Disfruta de la prosperidad mientras puedas, pero cuando lleguen los tiempos difíciles, reconoce que ambas cosas provienen de Dios. Recuerda que nada es seguro en esta vida”. (Eclesiastés 7: 13 – 14)

La utilidad de la fe

“Dios fue muy tangible en la montaña. Se sentía muy fuerte. Volví sabiendo que Dios existe,” expresó un superviviente.

“Rezábamos el rosario por más que había gente no muy creyente, como una cadena que nos mantenía en la vida…lo único que nos quedaba era que Dios el de arriba nos diera una mano”, compartió otro viajero, Roy Harley.

“La sociedad te paganiza. El confort te destroza todo lo espiritual y te transforma en un ser más primitivo que la montaña. Quedas sujeto a los instintos del sexo, la comida, el alcohol… sin embargo en la montaña que teníamos que ser como animales, éramos espiritualmente elevadísimos”, comentó Roberto Canessa. No sabemos si se elevaron espiritualmente, pero sí advertimos que despojados de todo lo material y con sus vidas pendientes de un hilo, lo único que podían cultivar era su espíritu en la búsqueda del auxilio divino.

“Más cerca oh Dios de ti” reza la placa que se colocó sobre la sepultura de los fallecidos en plena montaña.

La sociedad de la nieve

“Fuimos felices por estar vivos 1 hora más.” Lo poco que había era de todos (cigarrillos, chocolates, agua) los bienes pertenecían a la comunidad. “Lo más importante en la vida no es lo que pasa sino lo que hacemos nosotros con las cosas que nos pasan.” “…estaba prohibido quejarse porque del caos solo se puede mejorar y para mejorar había que aceptar la realidad tal cual es”, afirma hoy Gustavo Zerbino.

Sostener la vida con el calor humano 

“Mejor son dos que uno, porque tienen mejor paga por su trabajo. Porque si caen, el uno levantará a su compañero, pero, ¡ay del que está solo!, porque cuando caiga no habrá otro que lo levante. También si dos duermen juntos, se calentarán mutuamente; pero, ¿cómo se calentará uno solo?” (Eclesiastés 4: 9 – 11). Esta máxima vivida literalmente les salvó de morir de hipotermia cada noche dentro del fuselaje del avión siniestrado.

¿A qué llamar tragedia?

 “¿Tienes problemas o tienes dificultades?” suele preguntar R. Canessa hoy a sus interlocutores. “Espera que se te caiga el avión para darte cuenta lo bien que estás. Tenemos muy trastocados los valores en la cabeza.”

Aunque no son lo deseable, debemos admitir que las tragedias enseñan lecciones trascendentes al alma humana. No todos las registran y se apropian de ellas. Algunos sobrevivientes afirman que no creyeron más en Dios y confían solo en el ser humano a partir de lo vivido. Pero cargan hoy con ataduras a la inseguridad como el consumo de cigarrillos. Otros aprendieron de la tragedia, a viajar más livianos y confiados por la vida, sabiendo que Dios en su soberanía no nos suelta la mano ni aún en los momentos más oscuros o los valles de sombras y muerte, como lo expresara David en el Salmo 23: 4: 

“Aunque pase por el más oscuro de los valles no temeré peligro alguno, porque tú, Señor, estás conmigo”.

*Ps. Graciela Gares – Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 h

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